HISTORIA PALESTINA

Desde el siglo XVI hasta la I Guerra Mundial, el Imperio Otomano gobernó Palestina. La nación palestina moderna se forjó en el curso de la resistencia contra ese imperio, con una cultura común, un territorio contiguo y una vida económica truncada pero coherente de agricultura y procesamiento de productos agrícolas (como el aceite de oliva). La identidad política del pueblo palestino era clara, así como su deseo formal de establecerse como un Estado independiente y soberano.

Al final de la I Guerra Mundial, en 1918, unos 680,000 palestinos (sin importar su religión) y 56,000 europeos de religión judía habitaban Palestina, los primeros eran dueños del 97% de las tierras y tenían lazos milenarios con el entorno. Los sionistas europeos empezaron a colonizar la Palestina histórica en la década de los 80 del siglo XIX. Los dirigentes sionistas ofrecieron establecer un Estado colonizador en el Medio Oriente al servicio de las potencias imperialistas, particularmente de Gran Bretaña, bajo el pretexto de crear un hogar nacional judío. Cuando los imperialistas ingleses aprobaron ese plan al comienzo del siglo XX, materializado en la Declaración Balfour, empezó a llegar una ola de colonos sionistas estimulados especialmente por la casa Rothschild, quien era simultáneamente financiadora de los intereses coloniales británicos.

Después de la I Guerra Mundial, Gran Bretaña y Francia, principales potencias coloniales del momento, se repartieron Palestina y los demás territorios del derrotado imperio otomano en medio de una encarnizada competencia por el petróleo, un producto económico y militar muy codiciado. En 1922, Gran Bretaña negoció un “mandato” con Francia para dominar Palestina, Jordania, Irak, Kuwait y parte de Arabia, mientras los franceses hacían lo mismo con Líbano y Siria.

Así los británicos se asumían la autoridad para gobernar a Palestina como colonia. Con el establecimiento del Mandato, los británicos negaron los compromisos adquiridos previamente con la sociedad política palestina, en cuanto a la creación de un Estado palestino independiente y se inclinaron por estimular el proyecto sionista en Palestina.

 

En 1936, los palestinos se alzaron en armas contra las autoridades británicas y los colonos sionistas. En 1939, Gran Bretaña aplastó el levantamiento sin piedad y promulgó leyes de emergencia que imponían la pena de muerte a todo palestino que tuviera un arma. Para sofocar la rebelión, los británicos emplearon a manera de fuerza paramilitar a varias organizaciones terroristas sionistas, especialmente la Hagana, responsable de múltiples masacres en villas palestinas.

 

Tras la II Guerra Mundial, Estados Unidos surgió como la primera potencia colonial y reemplazó a Gran Bretaña como líder en el Medio Oriente. En noviembre de 1947, acompañó una resolución de la ONU que dividió a Palestina en dos Estados, un Estado sionista y otro palestino. En aquel momento, los palestinos poseían el 92% de la tierra y representaban el 80% del total de la población, pero la división le dio el 56% del territorio a Israel. En mayo de 1948, cuando los palestinos y los países árabes rechazaron la división de Palestina, Israel inició la primera de varias guerras contra los palestinos. Las tres bandas terroristas del sionismo, la Hagana, el Stern y el Irgún masacraron a toda la población indefensa de varias ciudades palestinas. La primera de ellas fue el pueblo de Deir Yassin, donde asesinaron a más de 300 mujeres y niños, dejando a algunos de ellos vivos para que, en su huida, al dar testimonio de lo sufrido, sirviesen de portavoces que extendiesen el terror e hiciesen huir a los demás palestinos.

 

En enero de 1949, cuando terminó la guerra, casi 800,000 palestinos (los dos tercios de la población) fueron expulsados hacia el Líbano, Jordania, Siria, Gaza y Cisjordania, e Israel anexó ilegalmente el 78% de Palestina. Este periodo se conoce como la Nakba o Catástrofe. Durante los años 60, se dio un auge en la lucha patriótica en Palestina en contra de la ocupación. Para 1965, varias organizaciones emprendieron la lucha armada con el fin de crear un Estado democrático laico (no religioso) en todo el territorio palestino. En 1967, Israel lanzó la “guerra de Seis Días” y se apoderó de lo que le faltaba de la Palestina histórica (el 22% restante del territorio de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental), además de la península de Sinaí (de Egipto) y Golán (de Siria).

La Resolución 242 de la ONU ordenó que Israel se retirara de las tierras ocupadas, pero Israel empezó a construir asentamientos fortificados. El texto de la Resolución 242 se convierte en la piedra angular de la comprensión del conflicto palestino – israelí al clasificarlo con precisión como un conflicto de Ocupación. Desde 1967 los palestinos de Cisjordania y Gaza han experimentado esta cruel ocupación militar, no han tenido derechos básicos y no han podido desarrollar una economía viable.   En marzo de 1968, los combatientes palestinos repelieron un ataque israelí de gran envergadura en la batalla de Karameh, Jordania. A partir de entonces nace y se fortalece la imagen de Yasser Arafat.

Los años de la búsqueda de la paz:

La intifada (levantamiento) palestina de finales de los años 80 sacudió a Israel. El recrudecimiento de la violencia sionista llegó a niveles nunca antes vistos, concentrándose en el asesinato de niños y jóvenes palestinos. 

Desde entonces, un elemento clave de la estrategia estadounidense ha sido “la solución de los dos Estados”: que los palestinos reconozcan al Estado de Israel (lo cual ya se hizo a partir de 1988 cuando se proclama la Independencia Palestina desde Argel) a cambio de un Estado en Cisjordania y Gaza. Sin embargo, y dando muestras irrenunciables de paz, la dirigencia palestina se comprometió con la paz y los diálogos.

Sin embargo, Israel no tiene ninguna intención de permitir la creación de un Estado palestino independiente. Conforme al “proceso de paz” de Oslo de 1993, Israel transfirió 40% de Cisjordania al control total o parcial de la Autoridad Palestina. Pero eso es solo el 10% del territorio palestino y son pequeñas parcelas aisladas y rodeadas.

 

Aún hoy, Israel controla las principales carreteras, las fuentes de agua, las fronteras y la salida al mar. Adicionalmente Israel impide el regreso de 6 millones de refugiados palestinos que fueron expulsados de sus hogares por las bandas terroristas del sionismo y hoy viven en la diáspora. En cuanto a los colonos que Israel siembra en Palestina, durante los años del “proceso de paz” (de 1993 a 2000), esta cantidad se duplicó. Israel abandonó ese “proceso de paz” en el 2000 a favor de tácticas más duras y fundamentalistas. De esta manera, siguió construyendo nuevos asentamientos y ahora tiene centenares, protegidos por el ejército, configurando así un claro y contundente crimen de guerra.

 

Una ocupación más brutal:

La agresión de Israel contra los palestinos se redobló a partir del gobierno de Ariel Sharon en el 2001 y continúa en la actualidad luego de una serie de gobiernos radicales. Vale la pena recordar que Sharon dirigió la masacre de centenares de palestinos en los campos de refugiados Sabra y Chatila en Beirut, Líbano, en 1982. En el 2002, Israel empezó a construir un muro de concreto y torres de vigilancia con guardias armados en territorio Cisjordania. Este muro, cuatro veces más largo y tres veces más alto que el Muro de Berlín, crea una frontera de facto ilegal, aísla a muchos pueblos palestinos, separa a los agricultores de sus campos, permite a Israel apropiarse del agua palestina y les roba más territorios a los palestinos.

 

En septiembre del 2005, Sharon se “retiró” de Gaza como parte de un plan para convertir a Gaza en una gran cárcel a cielo abierto para los 2 millones de palestinos que viven ahí, sometidos a castigos colectivos y a permanentes asesinatos masivos por parte de Israel. De esta forma, Israel también tuvo a disposición más colonos disponibles para anexar mucho más territorio en Cisjordania. Desde entonces, los gobiernos israelíes han seguido sin excepción el mismo camino.

 

Operaciones como Plomo Fundido (2009), Pilar Defensivo (2012) y Borde Protector (2014) ampliaron la lista de masacres cometidas por Israel contra civiles palestinos, especialmente niños (tan solo en Borde Protector Israel asesinó más de 600) y jóvenes palestinos. Estos hechos constituyen claros crímenes de guerra que están siendo investigados por la Corte Penal Internacional.

 

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