CINE

A excepción de Egipto, el universo de la filmación inició en el mundo árabe a finales de la década de los cincuenta, a la par y como consecuencia del proceso de descolonización. En Argelia el cine se convirtió en una herramienta de lucha por la independencia; años después, los activistas palestinos seguirían este ejemplo. Luego de la derrota de los ejércitos árabes en 1967, la federada y representativa OLP (Organización para la Liberación de Palestina), ganó prestigio y poder, convirtiéndose en una entidad de clara influencia política.

 

La guerra de 1967 fue una de las primeras que se vivió de forma relativamente amplia a través de la televisión, entre otras cosas, porque cada vez más hogares poseían televisores. La OLP no tardó en comprender que las imágenes en movimiento podían apoyar de manera extraordinaria su lucha por la autodeterminación y la liberación de Palestina. Todas las dependencias de la OLP crearon entonces unidades fílmicas con el objetivo de documentar la vida palestina, tanto en su sufrimiento como en su resistencia. Así, los cineastas de la OLP se organizaron y publicaron un Manifiesto del cine palestino en 1973 (realizado por Mustafá Abu Alí, pionero del cine militante) cuyos aspectos centrales eran:

  • Producir películas por palestinos que se integraran al único contexto Árabe, inspirados por un contenido democrático y progresista.

  • El desarrollo de una nueva estética.

  • Poner el cine al servicio de la revolución palestina.

  • Producir las películas de modo que puedan ser entendidas internacionalmente.

  • Crear un archivo fílmico.

  • Participar en festivales en nombre de Palestina.

 

Durante los nueve años siguientes cientos de películas fueran realizadas, casi todas ellas fuera del territorio palestino pues, como todos los árabes, los palestinos tenían negada la entrada a Israel. Cuando los eventos debían ser filmados en territorio palestino ocupado para hacer parte de una película, tenían que mandar equipos de extranjeros a registrar las imágenes que luego enviaban a los cineastas palestinos para el proceso de montaje. Algunas de estas películas obtuvieron premios internacionales; otras fueron cortometrajes proyectados como material de apoyo.

 

En 1982 se realizó la primera película palestina independiente, se trata de La memoria fértil, de Michael Khleifi; esta obra fue seguida por la muy aclamada Bodas de Galilea (1987). Khleifi, quien reside en Bélgica, nació y se crio en la ciudad palestina de Nazaret, que está situada en la zona ocupada por Israel y es también el lugar donde rueda sus películas. 

Desde la mitad de los noventa prácticamente todas las películas palestinas son rodadas en territorio palestino. Con el establecimiento de la Autoridad Palestina en Cisjordania y Gaza, muchos cineastas retornaron; algunos con ciudadanía Israelí, otros provenientes de los territorios liberados y otros con pasaportes jordanos u occidentales, e ingresando con visas de turismo. Muchos de ellos viven hoy en el medio de dos países.

 

Las imágenes producidas por los cineastas palestinos actualmente, son el revés del paraíso soñado y perdido. Sus obras hablan directamente de los efectos de la ocupación. Algunas dejan participar al espectador en las escenas callejeras, nos llevan a los hogares de los pobladores para poder oír y hacernos partícipes de sus vivencias, o nos muestran reuniones familiares en puntos de frontera, donde sus miembros hablan entre sí por encima de los alambres de púas y cercas usando megáfonos. Películas con estas características, como "Esto no es vida" (2001) de Alia Arasoughly, "Jenin, Jenin" (2002) de Mohammad Bakri, o "Frontera de lágrimas y sueños" (2001) de Mai Masri, tuvieron bastante éxito al exhibirse en festivales internacionales y muestras especiales. El punto de partida de estos documentales informativos son hechos difundidos en las noticias, como la invasión de la ciudad de Jenin por parte del ejército del actual Estado israelí, con la sucesiva masacre y las casas destruidas y arrasadas, o la brutalidad y la barbarie policial durante las oraciones de los viernes. 
 

"Paraíso ahora" (2005), de Hany Abu Assad, ha sido la película palestina con más amplia distribución, y la que mayor debate y discusión ha generado. Esta obra de ficción muestra los últimos días de dos bombarderos suicidas. Nos lleva a su trabajo, a sus casas y familias, nos sentamos junto a ellos a matar el tiempo o a fumar narguile después de una jornada de trabajo. Ambos protagonistas se preparan bien para cumplir su misión, por momentos acompañados de imágenes sarcásticas de la religiosidad cristiana, y parten a su destino. Sin embargo, no logran encontrar a quien debe conducirlos a territorio israelí y pierden pista uno del otro. "Paraíso ahora" es una película dirigida a un público occidental para explicar la situación de los palestinos. Muchos de ellos se sintieron orgullosos de la película y al preguntarles el por qué, respondían que era por la gran atención que esta mereció, que culminó con la nominación a los premios Oscar.

 

Irónicamente, los directores independientes palestinos viven en la total dependencia. La ausencia de un Estado, de una organización fílmica, o de un cuerpo o instancia de representación, los lleva a trabajar con dinero europeo. Las luchas ideológicas por lograr o no la financiación de una producción no se dan al interior de la comunidad misma; la discusión sobre la pertinencia o no de una película en particular no hace parte del debate cultural sobre la generación de la memoria colectiva. Se vuelve un acto de explicarse a sí mismo, de permanente justificación del ser.

 

Las películas palestinas tienen un aprecio especial porque se hacen a pesar de todo tipo de obstáculos y desigualdades, porque los individuos son lo suficientemente creativos para encontrar lugares y espacios donde poder trabajar creativamente, porque cada vez más directores de películas relativamente bien financiadas tratan de trabajar con equipos palestinos generando experiencias para todos, porque existe un consenso de táctico de mantenerse fieles a los principios plasmados en el manifiesto de 1973. Es un gran éxito que estas películas puedan estar representando a Palestina en los premios Óscar. "Intervención divina" fue rechazada en su momento como representante de Palestina, pues según los miembros de la academia, Palestina no era un país, pero con "Paraíso Ahora" Palestina fue reconocida como concursante por primera vez, seguida por "La Sal de Este Mar" (2008), de Annemarie Jacir. Esto ha demostrado en el aspecto cinematográfico como ha progresado el estatus de Palestina en el mundo. 

ÚLTIMAS PRODUCCIONES 

Las 18 más buscadas

Wanted 18 es un documental animado canadiense-palestino de 2014 sobre los esfuerzos de los palestinos en Beit Sahour para iniciar una pequeña industria láctea local durante la Primera Intifada, ocultando un rebaño de 18 vacas lecheras de las fuerzas de seguridad israelíes cuando el colectivo lechero fue considerado una amenaza a la seguridad nacional de Israel. La película combina entrevistas documentales con personas involucradas en los eventos, material de archivo, dibujos, animación en blanco y negro en stop-motion y recreaciones, y fue codirigida por el cineasta canadiense Paul Cowan y el artista visual y director palestino Amer Shomali. 

Wajib

Wajib (Invitación de Boda), es la primera coproducción Colombo-Palestina. Es una película palestina de 2017 dirigida por Annemarie Jacir. Se proyectó en la sección de cine del mundo contemporáneo en el Festival Internacional de Cine de Toronto 2017. 

Embajada del Estado de Palestina en Colombia

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